Voluntad y rol activo

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Voluntad y rol activo

La fuerza de voluntad es uno de los términos más escuchados por los pacientes con dificultades de sobrepeso u obesidad. Dentro de esto, se presentan diferentes opiniones sociales respecto a lo que sucede con aquellas personas que lo sufren, especialmente dirigidas a la falta de fuerza de voluntad y el descuido de sí mismo. Esta creencia provoca en la persona una percepción de incapacidad que termina funcionando como un círculo vicioso que alimenta la dificultad por bajar de peso, pero ¿El sobrepeso u obesidad se produce solamente a causa de la falta de voluntad?

Es importante recalcar que existen otros motivos por los que no sólo la fuerza de voluntad pudiese estar interfiriendo, tales como las enfermedades metabólicas, trastornos mentales que afecten el cortisol o las causas sociales y económicas. Dentro de las mismas, la Organización Mundial de la Salud proyecta que en 2045, casi un cuarto de la población mundial será obesa, altamente influenciada por los cambios sociales que han conllevado a una dieta poco balanceada, horarios laborales extensos, escasa actividad física, entre otros.

Según la American Psychological Association, la fuerza de voluntad es la capacidad de resistir las tentaciones al corto plazo para cumplir con metas a largo plazo. Es decir, es la determinación que nos mueve a realizar las cosas, con acciones claras, definidas y basadas en nuestra propia decisión.

Debido a que no podemos medir ni ver la fuerza de voluntad en criterios objetivos, sin interponerse en el hecho de bajar o no de peso, las personas la relacionan con una responsabilidad interna o un “autocontrol” que cada uno de nosotros debiese mostrar, especialmente en cuanto a no preferir alimentos alto en grasas o azúcares, o a una mayor realización de ejercicio, por ejemplo. Sin embargo, la fuerza de voluntad está en todos los actos de nuestra vida; cuando decidimos ir a trabajar, decidimos asistir a una fiesta, salir a comprar, etc. De esta manera, no observamos la fuerza de voluntad como algo que uno tiene o no; lo importante es determinar qué factores están incidiendo en que ella no se presente en lo significativo a la adquisición de hábitos saludables que nos saquen de nuestro ritmo de vida autodestructivo.

Es por esto que parte fundamental del proceso psicológico es acompañar al paciente en la creación de pensamientos positivos y afirmaciones que vayan consolidando su determinación al cambio, más allá de su fuerza de voluntad, realizando una evaluación respecto a qué dificultades no permiten que ésta entre en acción. Se busca la realización de cambios pequeños y realistas que permitan alcanzar metas realizables y empoderar los logros del paciente en su proceso.

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