Obesidad, ansiedad y depresión

El abordaje y la intervención en obesidad, requiere la comprensión de factores conductuales y psicológicos en el curso de la enfermedad.
Dentro de sus causas, no sólo encontramos la presencia de sedentarismo o inadecuados hábitos alimenticios, sino que, en la mayoría de los casos, los aspectos psicológicos y familiares conjugan para perpetuar la enfermedad.

Entre las variables psicológicas más frecuentes, se encuentra la relación de altos índices de ansiedad y depresión. Estudios han demostrado una altísima prevalencia del 40-47% de trastornos mentales de diversa gravedad, viéndose aumentada significativamente esta cifra mientras mayor es el grado de obesidad.

Un estudio neo zelandés (Scott, 2008) en cerca de trece mil sujetos mayores de 16 años, encontró significativa asociación de obesidad con trastornos del ánimo, trastorno depresivo mayor y trastornos ansiosos, en particular, trastorno por estrés post traumático (TPEPT).

Las repercusiones de la obesidad en la configuración de la autoestima de un individuo son muchas veces desconocidas por el entorno: la sociedad estigmatiza a las personas obesas, quienes presentan sentimientos de desvalorización permanentes, además de un auto concepto negativo, respaldado, en parte, por la permanente discriminación y exigencias del entorno. La presión social genera evidentes paradojas; llamados a consumir comida en cada lugar, así como al mismo tiempo, la permanente exigencia de mantener un cuerpo delgado.

Es frecuente ver en personas obesas, una disminución en sus interacciones sociales y dificultades en el establecimiento de relaciones sociales satisfactorias. Esto último, sumerge al individuo obeso en un círculo vicioso, en donde por distintas razones, es frecuente evidenciar un aislamiento social, perpetuando los síntomas de depresión y ansiedad.

Existen evidencias que en las personas obesas existe una dificultad en la identificación de sus emociones, dando como resultado posteriores limitaciones para la regulación de estas mismas. No es infrecuente ver que en el curso de esta enfermedad, se confundan las emociones con la sensación de hambre, utilizando la comida como forma de evadir estados emocionales desagradables para el individuo. Se ha demostrado que la presencia de elevados síntomas de depresión en la obesidad predice la aparición de otros trastornos de alimentación, entre ellos la bulimia y la sobreingesta compulsiva.

“Lo anterior implicaría limitaciones para el reconocimiento y posterior modulación afectiva, especialmente de estados emocionales negativos, favoreciendo conductas de sobrealimentación, como un modo de autorregulación emocional, existiendo un círculo vicioso entre obesidad, ansiedad y depresión que perpetua la obesidad.” (Silva, 2008).

Referencias

-“Implicación de la ansiedad y depresión en los trastornos de alimentación de jóvenes con obesidad”, Calderón C., Forns.M, Varea.V. Revista de Nutrición Hospitalaria, Departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico, Facultad de Psicología, Universidad de Barcelona, 2010.
-“Ansiedad y depresión en pacientes obesos mórbidos: efectos a corto plazo de un programa orientado a la disminución de la sintomatología”, Cofré A., Angulo-Díaz P, Revista Summa Psicológica Universidad Santo Tomás, 2014.

2018-07-02T23:54:24+00:00